De la Mente de Vivian Connely:
Mis ojos estaban desorbitados y mi corazón estaba detenido. El alma entera me fue sumergida en hielo y sangre y un grito de sufrimiento sonaba para mis adentros. No podía asimilar la imagen que había visto, Wallace disparar, Vic caer seguido de un chorro de sangre caliente y después un incomodo silencio lleno de odio, frustración, desesperación, rencor y abandono.
Me hinqué para verlo de cerca. La bala había atravesado su cabeza de lado a lado. Aún respiraba, pero sus signos se hacían cada vez más débiles, y a juzgar por la gravedad del disparo, no había mucho que yo pudiera hacer. No paraba de llorar, pero tampoco salía del shock que me había causado la impresión de lo ocurrido. Entonces vi su arma y con sigilo la tomé.
-“Te amo”- dijo Wallace con sarcasmo – eso es lo que planeaba decir tu amigo. Curioso ¿no? El hecho de que nunca te lo haya dicho y que esperara hasta este momento. Es una suerte haber estado aquí para deleitar tan sublime suceso.
Empuñé el arma y le apunté directo a la cara. Wallace cambió la expresión de su rostro. El odio me hacía temblar y de los ojos me llovían lágrimas de coraje
-No me voy a equivocar dos veces Wallace – le dije desafiante con los ojos vidriosos y la voz encorajada
Wallace levantó lentamente el arma hacia mí y quedamos a la par. Uno apuntando al rostro del otro. Mi corazón se armó de valor y mi garganta perdió su nudo. El coraje fluía en mí ser y se encendía como una hoguera a su máximo punto. No podía perdonarme lo que había hecho, el error que había cometido, pero tampoco podía perdonarle a Wallace lo que había hecho. Tenía que actuar.
-No es una decisión muy inteligente Vivian – sonrió con desafío – Hagas lo que hagas yo ya tengo la batalla ganada, no hay nadie más aquí que pueda ayudarte, ni tu familia, ni Vic, mucho menos el bastardo que te ha mandado a este sitio. De cualquier modo, señorita Connely, si usted no piensa contribuir a mi causa y contarme cómo funciona el artefacto que controla todas las mentes, entonces le comento que pasa a volverse un estorbo para mí y no será muy difícil sacarla del camino-
-Puedes matarme, estas en lo correcto – le dije – Pero ¿Qué caso tiene matarme si realmente no sabes cómo usar el control de todas las mentes? ¿Crees realmente que matándome puedas controlar todo? Akasius ya no está y yo no puedo controlar nada Wallace, absolutamente nada.
-Tú nunca has podido controlar nada niña estúpida. Yo en cambio soy quien controla todo lo que ves y todo lo que sientes. Desde el hombro torcido hasta la sangre del cuerpo que emerge de tu querido amigo – dijo Wallace
-Puede que sea cierto. Puede que controles lo que yo siento o lo que vivo, pero cualquiera puede secuestrar a una niña y causarle terror. Sin embargo no cualquiera puede controlar el universo que le rodea Wallace y dudo que realmente controles este mundo.- dije.
-Yo soy el dueño del mundo desde que Akasius fue petrificado y su mente se apagó. Yo controlo desde aquel entonces el mundo que visualizas a tu alrededor y tengo total conocimiento de lo que en él sucede- pausó – Evidentemente estas en lo cierto al decirme que no sé a ciencia cierta si matándote pueda o no accionar el artefacto, sin embargo, es un riesgo que debo de tomar.- concluyo.
Se suscitó un silencio incomodo y mis venas se llenaron de adrenalina. Ya no había miedo dentro de mí, o de lo menos no en la cantidad que solía estar. Era el momento de la verdad, matar o morir. No tenía ya casi nada que perder.
-¿Dices que eres el dueño de todo lo que veo? Entonces supongo que también de todo lo que siento y lo que conozco, ¿no es así? Sabrás pues que no soy la única mente creada por la mente maestra que es Akasius. Si estoy yo aquí intentando detenerte puede que sea mera casualidad y que quizá después de mi muerte tengas que eliminar a las otras mentes creadas- le dije desafiante.
-Una ramera como tú puede ser un buen comienzo. –
Comencé a caminar sin dejar de apuntarle a Wallace, el hizo lo mismo. Mi respiración se tornó agitada, estaba nerviosa, pero el coraje que sentía invadía mi mente y combinaba todas las sensaciones y la hacían una sola. Detuve mi caminar sitiando entre Wallace y yo, a la mesa en la que yacía el control de todas las mentes, de manera que ambos podíamos verlo a la misma distancia. Detrás de mí se extendían un montón de cajas y detrás de Wallace otras tantas se apilaban hasta casi tocar el techo del lugar
Si lo que pensaba era correcto y el artefacto que Wallace llamaba”el control de todas las mentes” realmente controlaba el entorno en el que nos encontrábamos, tal vez podría encontrar la manera de usarlo para mi beneficio aunque realmente no supiera activarlo. Tenía que seguir esa corazonada, era lo único que me quedaba,
-Puedo ver que tienes miedo Vivian, pero todo esto puede acabar si tu lo deseas, solo dime como activar el artefacto y tendrás como reconocimiento una muerte rápida e indolora -
-Tengo mejores planes Wallace –
Desvié el arma justo a un lado de Wallace y disparé. Las cajas se desplomaron sobre Wallace quien logró evadirlas justo antes de quedar sepultado. Corrí hacia la mesa y tomé una de sus patas y la halé hacia mí. El control de todas las mentes cayó al suelo y se agrietó de un extremo al chocar contra el suelo.
Entonces sucedió. Una grieta enorme apareció en el suelo y atravesó el lugar de lado a lado y una luz resplandeciente emergió de ella. Wallace saltó hacia un extremo para evitar caer por la abertura y quedó oculto entre unas cajas. La grieta se extendió tan rápido que tuve que tirarme hacia un lado para no caer en ella y entonces se detuvo. Con prontitud me puse de pié y me oculté detrás de las tantas columna de metal que se encontraban en el lugar. Se produjo silencio
- Matar o morir ¿No es así? – gritó la aguardentosa voz de Wallace. – Pudo haber sido tan sencillo, pero despreciaste mi ofrecimiento.
- No tengo mucho que arriesgar Wallace- contesté desde detrás de la columna. – Lo único que me queda es la esperanza de acabar con todo esto. Tú en cambio no tienes un motivo real por el cual luchar.
-¿Qué no tengo un motivo real? – gritó. – Durante años estuve condenado a ser un simple sentimiento negativo y obedecer las reglas de un patán que todo el tiempo te controlaba. A decir verdad, fue una fortuna que lograras engendrar tanto odio, rencor y apatía con el paso de los años, pues de no haber sido así yo jamás habría tomado una forma física. Pero no me bastó con tener el control de tus emociones negativas, de tu desesperación. Quería tener más, quería todo el poder y todo el control. Quería dominar a todas las personas, cada una de sus emociones y llevar mucho más allá este mundo lleno de mierda en el que vives. Fue una fortuna también que al afectarte a ti pudiera afectarlo a él de manera directa, entonces aproveché al máximo el efecto de mi propia persona sobre ambos. Si lograba convertirme en su dios podría lograrlo todo. Entonces decidí alterar el orden de tu mundo en cuanto me era posible. Si lograba llamar la atención del despreciable sujeto afectando tu miserable persona y tu mediocre vida, lograría tenerlo tan cerca que podría estudiar la manera de cómo obtener su poder y ahora estoy tan cerca de obtenerlo que me excita la sensación de poderío que me provoca pensar en ello.-
-¡Tendrás entonces que sacarme del mapa, mientras esté viva no vas a lograr nada!- grite y salí de entre la columna.
El se vislumbró entre algunas cajas y entonces ambos disparamos una vez, sin éxito. Wallace volvió a resguardarse entre algunas cajas y un sonido como de un objeto siendo arrastrado me hizo saber que se movía a gatas entre ellas. El corazón había subido a mil revoluciones en menos de un segundo y la sangre me hervía.
Sigilosa, caminé con el corazón en una mano y la semiautomática en la otra. Mi hombro rozó una cadena que colgaba de una viga, haciendo un ruido como de tintineo, escuché unas cajas moverse y vi a Wallace emerger de entre ellas, disparando. Me tire al suelo entre un par de cajas que después escuché estallar impactadas por una bala del arma plateada de Wallace, una bala que posiblemente me hubiera matado.
El hombro izquierdo me dolía, pero la adrenalina y el miedo anulaban la molestia. Trataba de no respirar de manera agitada pero el miedo me hacía jadear un poco de vez en cuando. Comencé a moverme a cuclillas. Al arma debía de tener un par de balas más quizá una más, quizá una menos.
Escuché un ruido a mi derecha. Apoyando mi rodilla derecha sobre el suelo, giré sobre mi misma y disparé y un par de cajas estallaron impactadas por la bala. Un ruido aun más grande se escuchó en otra dirección y levantando mi cuerpo para poder distinguir, vi salir de detrás de una columna a Wallace con arma en mano. Accioné el gatillo, escuché el disparo con una ligera reverberación, una punzada taladrante golpeó mí ya adolorido hombro izquierdo y entonces caí al suelo. Un sonido seco y duro me hizo saber que él también había caído. Comencé a llorar del dolor.
Nunca antes había sentido tanto dolor. Era como si unas pinzas gigantes apretaran mi hombro y lo perforaran de lado a lado. Pero no era solo yo la que sentía ese dolor. Wallace respiraba sumamente agitado al otro extremo del lugar, probablemente impactado por la bala que yo había disparado.
Con sumo cuidado me levanté del suelo, pero no por completo. Mi brazo estaba completamente desactivado y del orificio de entrada de la bala salía un poco de sangre que lentamente se convertía en más y más. Con tanto movimiento no me había percatado de que había caído cerca del centro del lugar, donde yacía la mesa volcada y el control de todas las mentes al píe de ella. El arma se me había caído al momento de estrellarme contra el suelo y estaba cerca de mí, como pude me arrastré entre las cajas con el hombro destrozado y sangre saliendo de la herida de bala. El dolor era casi insoportable y las lágrimas me brotaban con cada movimiento que hacía.
Logré situarme cerca de mi arma y estiré mi brazo derecho para intentar recuperarla, sin embargo aún no conseguía alcanzarla cuando un escalofrío recorrió mi espalda. Con suma brusquedad unas cajas cayeron al suelo y Wallace salió de entre con una expresión de ira en su rostro. Con su mano derecha me apuntaba con el arma plateada mientras que su brazo izquierdo colgaba sangrante con una herida de bala. Me puse lentamente de pié, Wallace me siguió la pista con el arma.
-Creí haberte escuchado decir que no volverías a equivocarte ¿Qué fue lo que pasó?- la expresión de su rostro cambió y se tornó en una triunfante sonrisa – ¡Estás perdida, grandísima hija de puta!
El arma de color negro estaba en el suelo. Yo, de pié, a un par de metros de Wallace y él sonriendo con merecidos aires de grandeza, mientras apuntaba directo a mi cara con el arma plateada, que había creado Vic y que alguna había sido mía. Un escalofrío recorrió mi cuerpo, una gota de sudor se paseó desde la frente hasta la punta de mi nariz y cayó suicida al vacío. Mi cuerpo inmóvil por el miedo había olvidado el dolor de un hombro destrozado. Mi corazón latía tan lento y tan sonoro que probablemente Wallace podía escucharlo. Una infinidad de personas me pasaban por la mente; mi madre, mi difunto padre, mi hermana y su novio, Vic que yacía sin vida a un par de pasos de mí, hasta Lorina, mi prima la loca estaba en mi mente. Mis ojos comenzaron a lucir lágrimas del dolor más profundo que alguien pudiera sentir, del dolor provocado por haber fallado a un amigo, a un cómplice, a un compañero de toda la vida. Por haberle fallado a alguien amado, por haberle fallado a mi Akasius.
Wallace comenzó a soltar risotadas de victoria y mi corazón dio un vuelco. Parpadeé lentamente. Mi interior se quedó vacío y mi sentido del oído se agudizó de tal manera que pude escuchar el ruido que el latido enérgico del corazón de Wallace, probablemente extasiado ante la sensación de la victoria. Las maléficas carcajadas de Wallace, cesaron un momento. Sus labios dibujaron una frase sin hacer ruido: “Vete al infierno” Accionó el arma…
…Un sonido seco y hueco me indicó que el arma plateada de Wallace se había quedado sin balas. Tenía que actuar. Wallace soltó un grito de frustración y dejó caer el arma al suelo, la cual al colisionar se rompió en mil pedazos como si de cristal se tratara.
Nos separaba exactamente la misma distancia. Wallace se abalanzó sobre “el control de todas las mentes” con tanta rapidez que nunca lograría alcanzarlo. No podía dejar que lo obtuviera. Giré sobre mi misma y vi mi arma tirada en el suelo, me lancé con toda prisa a levantarla. Con un golpe de suerte aún debería de tener una solitaria bala. Caí al suelo y la tomé. Wallace tomó el objeto en sus manos y lo sostuvo a la altura de su pecho. Entonces, disparé. Todo pareció suceder en cámara lenta. La bala salió exitosa del cañón de mi arma. Mis oídos se taparon y entonces la bala impactó, pero no le dio a Wallace. El control de todas las mentes había sido impactado y justo en ese momento se desmoronaba hecho añicos en el aire.
Wallace soltó el trozo del artefacto que aun residía en sus manos, mientras lanzaba al aire un grito de dolor tan largo y sonoro que las paredes de aquel lugar crearon un eco ensordecedor. Las extremidades de Wallace comenzaron a tornarse de un color parecido al marfil natural que se extendió con rapidez por todo su cuerpo y entonces el grito de dolor cesó. Wallace estaba tan tieso como una piedra.
El lugar comenzó a temblar. Las cajas comenzaban una a una a estallar como si fueran impactadas por cientos o miles de balas. Las paredes comenzaron a figurarse, lo mismo pasó con el cuerpo petrificado de Wallace. El suelo se agrietó. El enorme ventilador industrial se rompió dejando entrar la luz de golpe. Pude entonces distinguir que Wallace petrificado y agrietado, lloraba sangre.
La fisura que originalmente había emergido se hacía cada vez más grande y el fulgor que salía de ellas se hacía más intenso. Los objetos que colgaban del techo, las cadenas y las vigas comenzaron a caer de él y entonces el temblar del lugar incrementó su magnitud. Wallace hecho una piedra fue atravesado de pies a cabeza por un sinfín de grietas y entonces se partió en dos y su torso cayó al suelo. Era un espectáculo aterrador. Su rostro había quedado en un gesto de ira y dolor y continuaba llorando sangre.
Una luz aún más fuerte apareció justo detrás de mí. Una puerta de luz se había abierto a la mitad del lugar y de ella una figura emergió. El señor Sullivan, estaba ahora detrás de mí, y con una mirada sumamente tranquila se enderezó los lentes de media luna y sonrió.
-Tal parece que tienes todo bajo control Vivian, pero este ya no es un lugar seguro para una dama como usted- gritó señalándome la puerta de luz con la mirada. Quería que entrara en ella, para aquellas alturas era lo único que podía hacer o probablemente yo también moriría.
Giré mi mirada a todas partes, pero por más que lo intenté, no logré localizar el cuerpo de Vic en ningún lugar. Mi corazón sintió que le arrebataban algo muy grande y una vaga lágrima descendió por mi mejilla izquierda.
Comencé a caminar hacia el señor Sullivan y cuando estuve justo en frente, pude observarlo con detalle por primera vez desde que nos habíamos conocido y fue entonces que pude percatarme de un detalle que logró impresionarme. Detrás de sus singulares lentes de media luna, se dibujaban unos hermosos ojos de color gris plata, unos ojos que ya había visto con anterioridad.
-No vaya a olvidar esto Señorita Connely- me dijo mientras se agachaba a recoger un trozo del “control de todas las mentes” y se reincorporaba para entregármelo.
La luz de la puerta de luz se apoderó del lugar y una vez más sentí la peculiar sensación de desmayo, de girar sobre mi misma y desaparecer.
[…]
Desperté sumergida en una sensación de confusión y desconcierto, emoción que normalmente me provoca despertarme a medio sueño y olvidar lo que he soñado. Mi cabeza me dolía, mis brazos aún estaban dormidos pues regularmente duermo de lado, sobre uno de ellos y mis pies descalzos eran finamente acariciados por la brisa de la mañana. Había dormido durante un largo tiempo, tan así, que no recordaba el momento exacto en el cual me había quedado dormida. El brazo izquierdo me dolía mucho más que el resto del cuerpo.
Un fino rayo de luz entraba por la ventana, justo a la derecha de mi cama y dibujaba y desvanecía sombras en los objetos de mi habitación, asistido por el movimiento que producía el viento en las cortinas. Era una mañana muy extraña, pues normalmente el despertador me levantaba, pero esta vez no había sonado.
Me senté en la cama y me estiré. Llevaba un blusón de seda blanca hasta poco antes de las rodillas. Mis piernas desnudas sentían el roce de las sabanas. Era una sensación placentera, pero inquietante. Entonces una serie de imágenes se colaron entre mis pensamientos y logré recordar.
Con rapidez me desperecé, me levante de la cama y caminé hacia el espejo. Mi rostro era de nuevo el de una adolescente. Mis ojos, mi nariz, mi rostro, mis orejas, todo era de nuevo lo que normalmente solían ser, los atributos correspondientes a una adolecida niña de diecisiete años. Ni mis manos ni mies piernas presentaban las heridas que Wallace me había propinado, pero el hombro izquierdo, en el cual me había logrado disparar, aún me dolía.
¿Qué había pasado? ¿Cómo había logrado volver a mi habitación? Todo había sido muy confuso y brusco a la vez. Wallace había muerto, petrificado entre lágrimas de sangre, o por lo menos eso recordaba y quería creer. Pero ¿Qué había pasado con el señor Sullivan? ¿Había muerto también? ¿O acaso había desaparecido junto conmigo ante aquella luz brillante? Por instinto volteé a la cama y vislumbré el fragmento del control de todas las mentes que me había otorgado el señor Sullivan. Entonces caminé lo tomé.
Al contacto, el fragmento metálico despidió un destello y una corriente de aire cálido recorrió mi cuerpo. La puerta de mi habitación se entreabrió y de se distinguió un fino fulgor del mismo color metálico del fragmento que sostenía entre mis manos. La sensación era tan afectiva que me había hecho sonreír.
Caminé y abrí completamente la puerta, y el fulgor desapareció, pero el resto de mi casa no estaba ahí, como normalmente debía ser. Un pasillo largo se extendía fuera de mi habitación, un pasillo completamente oscuro y sumamente inquietante, tanto que, más que miedo, me incitaba a caminar a través de él.
Puse un pié fuera de la habitación y las paredes del pasillo se llenaron de luces. Unas luces parecidas a las estrellas, las galaxias y las constelaciones se habían dibujado al contacto de mi pié con el suelo. Eran realmente hermosas y lograban transmitirme una sensación tan confortable como la de estar en compañía del ser amado. Entonces, aún descalza, comencé a caminar por el pasillo de las luces.
A cada paso que daba las bellas luces me acompañaban, era como atravesar un mar de constelaciones brillantes y coloridas. La emoción de aquello me abordó de golpe y mi corazón se llenó de alegría. Caminaba de manera rítmica y las luces se encendían y apagaban al compás de mis pies descalzos. Era demasiado hermoso, casi podía sentir tocar las estrellas y los fragmentos brillosos que ellas desprendían.
El objeto que sostenía en la mano, el fragmento del control de todas las mentes se elevó por los aires como por obra mística y comenzó a brillar, entonces, maravillada me detuve para ver como comenzando a moverse, trazó en el aire una trayectoria y dibujó con estrellas una puerta grande frente a mí y entonces, volvió a mis manos
Era una puerta hermosa, dibujada con estrellas y galaxias. Entonces, extendiendo el brazo derecho, tomé la perilla y la giré. Una luz iluminó el lugar y entonces crucé la puerta sin temor alguno. Conocía ese lugar, había estado ahí un gran número de veces.
Las ruinas iglesia en la cual había aparecido en varias ocasiones en el pasado, se extendían ante mí. Con sus bancas volcadas, con algunos fragmentos del techo situados en el suelo, con las telas rasgadas y mallugadas. Todo estaba destrozado, todo estaba tal y como lo había dejado la última vez que había estado ahí. La ocasión en la que había tomado el control de todas las mentes de manos del mismo Akasius.
Entonces mi corazón se emocionó y viré la mirada hasta el lugar en el que lo había visto convertirse en piedra, pero ya no estaba. Sentí un brinco en el alma y la felicidad desapareció. ¿Había muerto? ¿Se había fragmentado mientras estaba petrificado? Todo había sido mi culpa. Cubrí mis ojos y comencé a llorar, pero no duré mucho tiempo haciéndolo.
-No deberías llorar en los momentos de alegría Vivian – dijo la singular voz del hombre más cercano a mi persona.
Akasius se encontraba sentado en una banca volcada, con una expresión suave en el rostro como queriendo esbozar una sonrisa.
No me importó cuanto hubiera en el suelo, corrí hacia él y lo abracé. La felicidad que había sentido en el pasillo de las luces se había multiplicado por centenares. Mis ojos dejaban escapar miles de lágrimas cálidas, las más reconfortantes en mucho tiempo. Me aferré a su cuerpo con un largo y tendido abrazo que me fue correspondido.
-¡Estás vivo! ¡Realmente estás vivo! - le dije.
-Todo gracias a ti pequeña – me dijo con una cálida y fraternal voz.
-¿Cómo es posible? El control de todas las mentes está roto, se hizo añicos cuando le disparé por error.
-Creo que el control de todas las mentes cambió de naturaleza por algunos momentos y simplemente se resistió a morir. Ese fragmento que tienes entre tus manos es la prueba de ello. – me dijo tomando el fragmento de mis manos y mirándolo con detenimiento -discúlpame por haberte metido en tantos problemas, pero te agradezco infinitamente haberme salvado de lo que pudo haber sido el fin del mundo-
-No lo he hecho sola – dije separándome un poco de él y bajando la cabeza – Si no hubiera sido por el sacrificio de Vic, yo no estaría en este lugar Akasius. El se sacrificó por mí, murió para que yo no muriera.-
-Volvió de la muerte para salvarte Vivian, su destino era claramente volver a morir – me dijo.
-¿Qué quieres decir con eso? – pregunté mientras el corazón me apretaba y me causaba un par de lagrimas.
-Vic debió de haber muerto la primera vez que fue amenazado por Wallace. Sin embargo, el poder del amor que te tenía era tan grande que creó una dimensión temporal y en decadencia para sustentar su alma en desgracia, en vez de perderse en el olvido. Obviamente fue de manera inconsciente, por lo que nunca tuvo un control sobre la dimensión. Por lo menos no de manera consiente
-¿Quieres decir que la dimensión en la que me encontraba no era de Wallace sino de Vic? – pregunté –
-En efecto Vivian. Cuando supe eso y conociendo perfectamente el destino que tendría mi universo, me transporté hacia la dimensión que su mente había creado y me puse en contacto con él. Le dije que esperara ahí a que tú volvieras. Después regresé y te transporté a su dimensión, llevando a Wallace contigo, pues comprendí en el proceso que se movía a través de ti. Lo cual evidentemente le hizo creer que me había derrotado por completo.- me dijo
-¿Fue por eso que la mente de Vic creó el arma plateada en el lugar?- pregunté
-¿Sabes porque el arma plateada, esa misma que creó Vic y que en ese momento portaba Wallace, se quedó sin balas?-
Todo comenzaba a cobrar sentido. El hecho de que el arma plateada hubiera fallado en un momento tan crucial y se hubiera roto en pedazos al caer al suelo, solo podía significar una cosa.
-El arma falló porque la mente del creador había muerto por completo ¿no es así?- le dije. - Pero entonces, ¿Cómo es que el universo en el que estaba no comenzó a fragmentarse?
-Me sorprende el nivel de comprensión que ha adoptado Vivian – me dijo con una cálida sonrisa en el rostro - Es verdad, el arma falló debido a que el creador y dueño de la dimensión había perecido. Sin embargo, el control de todas las mentes tuvo la energía suficiente para sustentar la dimensión y evitar que muriera junto con su creador. Es por eso que la dimensión se fragmentó cuando el objeto cayó y se fisuró. Y también, el hecho de dispararle y hacerlo añicos, determinó el destino de la dimensión que en ese momento sustentaba-
-Ya veo. Me duele mucho saber que jamás volveré a verlo yo también sentía lo mismo por él, solo que lo supe muy tarde- le dije con mucha tristeza- le dije con mucha tristeza – pero me alegra que ahora todo esté en orden y que por fin podremos vivir una vida normal como lo hacíamos antes.
-Todo lo que dices es cierto. Sin embargo Vivian, a pesar de que todo está bien ahora, el artefacto que ves en mis manos ha resultado sumamente dañado y no podemos correr el riesgo de dejar mi estabilidad mental igual de dañada que este viejo artilugio. Es por eso que debo partir para buscar sus restos entre las dimensiones de mi mente o crear uno nuevo a partir de éste que poseo- dijo con un poco de tristeza.
-Déjame acompañarte entonces- le dije con toda la seguridad del mundo. – He cruzado mil peligros por ti, he luchado en todas las batallas que has puesto frente a mí y conseguí reconstruir el mundo que creaste para mí, dejarme acompañarte es lo menos que podrías hacer para agradecerme – le dije con lágrimas en los ojos.
-Has sido muy valiente Vivian, pero desde un principio fue culpa mía que Wallace se generara a partir de un sentimiento que se generó en un ambiente que yo mismo permití que ocurriera. Obviamente esperaba todo de ello, a excepción del hecho de que tu mente tuviera la fuerza suficiente como para crear una persona a partir de esa combinación de malos sentimientos, por tanto, es mi deber volver a darle estabilidad a tu vida y eso se logra dándole estabilidad a la mía. Un trabajo que sólo yo puedo realizar.-
Comencé a llorar, un dolor como el de la pérdida de un familiar comenzó a brotar en mi corazón. No podía dejar que se fuera, habíamos pasado tantas cosas juntos que se había hecho una parte tan importante de mi vida y siempre había estado ahí para cuidarme. Pero no había nada que yo pudiera hacer para evitar que se fuera, pues al final, tenía toda la razón. No podíamos correr ese riesgo.
-¿Te volveré a ver, algún día? -
-Así lo has dicho, pequeña…- dijo, haciendo una breve pausa para después continuar- Algún día.- concluyó mientras comenzaba a caminar.
-¡Espera Akasius!- le detuve con las mejillas llenas de lágrimas y la mente taladrada por una duda. – El niño, ese pequeño de ojos grises. Él y el señor Sullivan ¿Son un mismo ser?
-Así parece Vivian- me dijo con un tono neutro.
-¿Quién es ese niño? ¿Que representa? - pregunté con voz entrecortada por el llanto.
-No creo que me corresponda a mí decírtelo Vivian – me dijo mirándome a los ojos mientras caminaba hacia mí- Sobre todo porque no tengo idea de quién pueda ser ese pequeño.
-¿Pero tú eres el dueño de toda criatura en este universo y en el resto de ellos no es así? ¿No deberías entonces saberlo? ¿No deberías saber quién es ese niño?- llena de desesperación pregunté mientras las lagrimas mojaban mi rostro.
Entonces se paró justo en frente de mí, me tomó del mentón con una mano y besó mi mejilla izquierda, rozando la comisura de mis labios. La sensación más cálida que jamás había sentido.
- Cuídate mucho Vivian Connely- dijo mientras me daba la espalda y caminaba hacia un rayo de luz del sol que se colaba por una grieta en el techo de la iglesia.
Volteó hacia mí y sonriéndome de manera sutil, se fundió con la luz del sol y desapareció de la habitación. Y una pequeña flor amarilla con manchitas negras ocupó su lugar.
Han pasado ya muchos años de aquella aventura que cambió mi vida y mi percepción sobre ella. Aprendí que la vida no es simple y que hay cosas que realmente vale la pena cuidar y valorar. aprendí que nunca hay que callar loq ue uno siente, incluso sean sentimientos negativos, pues estos pueden volverse mucho más fuertes que uno mismo. Aprendí que la familia es importante y que los verdaderos amigos no se encuentran detrás de una computadora, sino justo a un lado tuyo y están ahí siempre que se los pidas. Aprendí que el amor real es capaz de lograr cosas increíbles, incluso ganarle a la propia muerte. Aprendí incluso que puedo ser valiente aunque sea pequeña.
Han pasado ya muchos años de aquella aventura que cambió mi vida y aquella pequeña flor amarilla con manchitas negras, nunca se ha marchitado al igual que mis esperanzas de volver a verlo.
Nota del autor:
Muchísimas gracias por formar parte de este proyecto. A todas aquellas personas que han llegado hasta este lugar, les ofrezco mis más sinceros agradecimientos por apoyarme a mí y a los personajes de esta saga lo largo de toda su trayectoria. Sufriendo con Vivian los momentos cruciales de su evolución de niña a mujer madura y lo que conlleva en el mundo tan peculiar en el que vive.
Dedicada completamente a ustedes los lectores, El fin del mundo, ha llegado a su fin. Espero que haya sido de su agrado leerla, como lo fue para mí escribirla. Con ella aprenderemos que hay cosas que valen la pena mucho más que otras y por supuesto hay cosas por las cuales realmente vale la pena arriesgarnos y luchar. Un amigo, un familiar, un hermano, incluso un desconocido que ocupa de nuestra ayuda. Todos tenemos una persona que nos cuida y una persona a la cual cuidar, De igual manera una o muchas que nos quieren y muchas a la que queremos, solo es cuestión de saber reconocerlas.
Respecto al Señor Sullivan y el niño, pues no me queda más que decir que todos contamos con la presencia de ambos en nuestras vidas, de una u otra forma. Pero prefieren mantenerse al margen, tal y como lo vimos en el caso de Vivian quien mantiene las esperanzas de saber realmente quienes son ellos. Mismas esperanzas que estoy seguro que ustedes mantendrán a flote.
Y quien sabe, quizá en un par de años encontremos esa respuesta. Quizá en un par de años, o en menos, me decida a contarles la verdad sobre ellos, porque como Akasius dijo en alguna ocasión “Así lo has dicho. Algún día”
La historia titulada “El Fin del Mundo”, comenzó a escribirse y publicarse el 06/10/10 concluyendo con su publicación el 01/09/11
Se publicaron un total de siete entregas las cuales són:
Se publicaron un total de siete entregas las cuales són:
[Capítulo I: Revelaciones de una noche]
[Capítulo II: Las primeras horas]
[Capítulo III: Aquí yace, entre marcas de sangre]
[Capítulo IV: Reunión de Emergencia]
[Capítulo V: El plan Maestro]
[Capítulo VI: Entre sogas y mordazas]
[Capítulo VII: Lágrimas de Sangre]
También agradezco la colaboración de Paulina Rendón en un capítulo especial, titulado bajo el numero "1 1/2" que es un "spin off" protagonizado por un personaje ajeno a la historia (una amiga de Vivian) que relata el primer capítulo desde su punto de vista.
Derechos bajo la licencia “Creative Commons” historia y personajes pertenecientes a un servidor, Jesús Eduardo Solís Torres.
Monterrey. N.L a 01/09/11






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