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Fin del Mundo. [Capítulo V: El plan Maestro]



De la mente de Vivian Connely:


Aún estaba un poco mareada, el impulso había sido muy fuerte y de nueva cuenta la temperatura había bajado un poco. Todo estaba borroso y no lograba ver nada más allá de algunas siluetas a mi alrededor.


-¡Señorita Connely! ¡Señortia Connely! ¿Está usted bien? – sonaba de manera turbia una voz frente a mí.

Mi vista se aclaró, un hombre  de gafas vestido muy elegante estaba frente mío, ligeramente
agachado, mirándome  a los ojos mientras se alzaba un poco las gafas de media luna. A su alrededor unas seis o siete personas me miraban impactadas, todas de pié.

-Señorita Connely es bueno saber que ya ha entrado en sí – me dijo aquel amable hombre mientras me extendía su mano derecha para levantarme.

- ¿En dónde estoy? – le pregunté, ya de píe, con la voz hecha un hilo por la impresión.
           
-Ha sufrido un desmayo señorita, estábamos conversando acerca del reporte de
utilidades del mes de marzo y entonces sus ojos se echaron para atrás y terminó donde sus papeles – dijo el hombre señalando un sitio en el suelo entre un folder y algunas hojas dispersas.

-¿Reporte de Utilidades- le pregunté llevándome la mano al rostro para tallar mis ojos, unos lentes interrumpieron mi camino, unos que ni siquiera había notado traer puestos.

-Señorita Miller, conduzca a la señorita Connely al baño por favor y asegúrese de que se lave el rostro. Necesitamos hoy más que nunca que todos nuestros empleados estén alertas y presentables. Sobre todo la señorita Connely – ordenó el hombre de las gafas mientras una mujer esbelta de cabello corto y curvas soñadas se acercaba.

- Con mucho gusto señor Sullivan – dijo ella sonriente mientras recogía los documentos en el suelo para después tomarme del brazo y me halarme hacia sí.

Mientras comenzábamos a caminar hacía el baño, las personas volvían a sus respectivos escritorios y aunque estaba por demás confundida, pude apreciar el panorama con un poco más de detalle. El lugar me recordaba a las oficinas de Nueva York, esas en las que unas seis o siete personas tenían su espacio de trabajo en el mismo piso, o al menos eso me hacía pensar el recuerdo del lugar a donde Peter Parker dejaba sus fotos. Era amplio, una buena cantidad de luz entraba por las enormes ventanas que comprendían casi de piso a techo. Una suave alfombra guinda deslavada cubría el suelo y algunas sillas de ejecutivo, un par de sillones y algunos cuantos escritorios  la cubrían a ella.

No podía perderme ningún detalle mientras caminábamos, o nunca lograría entender en donde o porque me encontraba. En total ocho personas había visto desde el momento en el que había llegado ahí: El  Señor Sullivan, la señorita Miller que probablemente era su asistente, un tipo pelirrojo, una mujer rubia, un sujeto que llevaba una corbata de rayas, una mujer que llevaba aretes enormes en donde fácilmente podía caber y vivir un loro, y un sujeto sentado que me dio la impresión de familiaridad a pesar de verlo de espaldas únicamente. En fin, nada relevante, o eso creí en el momento.

Al llegar al baño, la señorita Miller me abrió la puerta y me hizo entrar, después entró ella y cerró la puerta con suavidad

-Vivian, recuerda que tienes que tener listas todas las correcciones para el día de mañana a las ocho en punto- me dijo mientras me entregaba el folder con los documentos ya dentro. - debemos comenzar las negociación con los ejecutivos nipones a las nueve y debes estar ahí para presentar el reporte. – concluyó y se retiró.

Todo me parecía total y completamente incomprensible. Una cosa era un loco jugando con desaparecer facebook, otra era un montón de muertes ligadas a eso, digo no son cosas de todos los días pero hasta cierto punto es comprensible de lo menos. Pero ¿aparecer y desaparecer en lugares que ni siquiera sabías de su existencia, y que además  todos te conozcan, te llamen por tu nombre y tu ni puta idea al respecto? Para ser sincera si antes estaba asustada,  ahora simplemente no sabía que pensar.

Confundida y cabizbaja, pasé las manos cerca del sensor del grifo del lavamanos y el agua comenzó a fluir. Junté un poco entre mis manos y agachándome para no mojarme la ropa, cerré mis ojos y la distribuí por mi rostro con mucha delicadeza. Mientras permanecí así, pude sentir una pequeña pizca de paz, muy probablemente por la tibieza del agua.  En fin, no vale mucho la pena mencionarlo, pues aquella efímera paz se vio interrumpida cuando alzándome para ver mi imagen, pude ver mi rostro. Algo no estaba del todo bien.

Para empezar, mi vestimenta era digna de una ejecutivo, un saco negro, con blusa blanca de cuello y botones y una minifalda negra acompañada de unas medias lisas. Además, mi cara lucía diferente,  como si algunos muchos años hubieran pasado desde la última vez que me había visto al espejo. Mis ojos color miel, se notaban un poco cansados como si llevaran una vida muy dura. Incluso, tenía ya un par de arrugas cerca de los parpados y mis líneas de expresión se dibujaban con mucha más fuerza que de costumbre. Maquillada de una manera que “nunca en la vida”, de cabello negro y alaciado, y de largo no más allá de los hombros, sumamente diferente de como siempre acostumbraba.

Aún así  había algunos rasgos que conservaba perfectamente normales: mi nariz mediana y respingada, mi oval rostro de tez no muy clara pero tampoco muy oscura, mis cejas un poco gruesas al principio y finas y caídas al final, mis labios finos y mis difuminadas y muy apenas apreciables pecas. Por lo demás era evidente una cosa: Ya no tenía 17 años.

Me llevé la mano derecha al rostro para tocarlo, simplemente no podía creerlo, debía tener unos 35 o 36 años de lo menos y a jugar por las gafas, hace mucho que había dejado de ver bien, culpa de mi adicción a la computadora puedo suponer. Entonces, mientras me miraba con asombro,  pude distinguir, una pequeña figura postrada inmóvil justo al otro extremo del lugar.  Con calma, temiendo que fuera alguien o algo peligroso, volteé mi mirada lentamente hasta donde se encontraba y al ver claramente de qué se trataba, mi corazón dio un vuelco.  El niño que me había entregado la flor estaba, ahí parado, sonriéndome.

No hice otra cosa más que quedarme inmóvil. Era como si la mirada de aquél niño y sus lindos ojos grises me hubieran paralizado. Sentía un calor muy curioso y comencé a sonrojarme, exactamente la misma sensación de entre avergüenzo y ternura que había sentido al menos una hora hacia el pasado, en dos ocasiones diferentes.

El pequeño me llamó por mi nombre y señaló hacia mi pecho, a la altura del corazón para ser más precisos y me pidió por medio de mímica que revisara el bolsillo interno de mi saco. Desabotoné el único botón que mantenía el saco cerrado, metí la mano en el bolsillo y saque su contenido. Una vez más aquella florecilla estaba en mis manos, aquella peculiar flor de color amarillo con manchitas negras como salpicaduras.

El niño me sonrió con aún más calidez y todo mi entorno giró, la sensación de desmayo se manifestó y el ambiente y sus sonidos cambiaron.

[…]

Ahora estaba sentada frente a una de las mesas del comedor de empleados y a juzgar por la cantidad de personas que ocupaban el sitio en aquel momento, la hora de la comida estaba por terminar. Había pasado ya mucho tiempo en aquél misterioso lugar y no había logrado encontrar nada que me fuera útil para lograr mi cometido, cualquiera que este fuese. Ocho personas pude ver con “detalle” desde que había llegado a ese lugar, nueve contando al niño. Y para ser sincera, las únicas personas que me habían parecido mostrar una pizca de relevancia, eran el señor Sullivan y su asistente la señorita Miller, sin contar al niño  que obviamente despertaba muchas dudas en mí.

Mi mente trabajaba a marchas forzadas intentando reunir piezas de un rompecabezas que cualquiera, incluso yo, dudaría que existiera. ¿Qué tenía todo esto que ver con Willbure Wallace? Hasta donde yo sabía Akasius me había mandado a ese lugar en busca de Wallace y no de un montón de seres que en mi vida había visto.  A menos, claro está, que Wallace se encontrara en alguno de los rincones del lugar donde actualmente me encontraba. Nada tenía sentido.

Las personas poco a poco salían del área del comedor y mis dolores de cabeza iban en aumento por pensar tanto y tan apresurado. Me estaba volviendo loca. ¿Quién demonios era ese niño y qué demonios estaba haciendo ahí? Al pensarlo detenidamente, su semblante me recordaba mucho a Akasius, incluso algunas de sus facciones eran muy similares, exceptuando, el color de sus ojos; miel en el caso de los de Akasius y grises en el caso de los de aquél pequeño y misterioso niño.

Además, con ambos había sentido la misma sensación de calidez/vergüenza/ternura en momentos diferentes. ¿Podrían ser el mismo ser? Ambos me habían otorgado la flor en momentos clave y en ambos casos había tenido el mismo efecto, es decir, transportarme de un lugar a otro. Aún así,  esas ideas no eran más simples suposiciones mías, quizá un mecanismo de defensa propio para poder encontrarle algún sentido a todo lo que estaba pasando, aunque lo que le vino justo después, rompió con la poca realidad y sentido que había encontrado.

-¿No planeas comer nada Vivian? – me dijo la voz de una persona que se había sentado a mi lado. – Debes de reponerte. Después de todo, el golpe que te diste al caer sonó muy duro y haz de sentirte un poco débil, te conozco – me dijo nuevamente una voz que no importase que tan lejos la escuchase era simplemente inconfundible para mis oídos.

Volteé con prisa y ahí estaba junto a mí. Vic estaba sonriéndome mientras  depositaba su charola con sus alimentos en la mesa en donde me encontraba.

¿Cómo era posible? Yo misma lo había visto ser sepultado. Yo misma le había llorado y consolado a su madre. Yo misma había estado en su casi desierta casa después de su funeral y experimentado un suceso horrible en su deshabitada habitación. Akasius me había confirmado estar en la morgue y revisar la ropa que llevaba cuando murió. ¿Cómo era posible que en ese mismo momento, sus ojos color chocolate claro, me miraran acompañados de una sonrisa en su rostro?

Me dediqué un momento a observarlo sin decir nada y sé que lo notó pues pude ver algo de preocupación en su rostro. Entonces fue que me día cuenta.

Aunque aparentemente era idéntico, se trataba de un Vic un tanto diferente. Un Vic con facciones, gestos, modos, mucho más adultos, mucho más maduros, al igual que yo en aquellos momentos. Era como si nunca hubiera muerto y siguiéramos una vida aparentemente normal. “Aparentemente”

-Vivian ¿Estás bien? Te pusiste muy pálida – me preguntó mientras tomaba mi mano y la observaba. Al instante reaccioné y recuperé de golpe el calor que me había quitado la impresión. Vic era tan real como lo era yo.

Mi instinto me llevó a abrazarlo y a besarlo en la mejilla  y  me eché a llorar en sus hombros.

-¿Te encuentras bien? – me preguntó muy extrañado, pero con una sonrisa, entendiendo uno de sus brazos para abrazarme.

-Creí que no te vería de nuevo – le dije sin pensar, entre lagrimas y sollozos, mientras me acurrucaba en el hueco entre su pecho y su brazo. – ¿Cómo es posible que estés vivo?

-Sabía que vendrías-dijo con una cálida voz.

Acto seguido, dejó de abrazarme y la expresión de su cara cambió. Lanzando una pequeña mueca de triunfo, me guiñó un ojo, tomó unos papeles que estaban en la mesa, unos que probablemente traía consigo desde que llegó y comenzó a caminar hacia la salida del comedor de empleados.

-¿A dónde vas? – pregunté con prisa mientras volteaba de nuevo hacia donde estaba pero para entonces solo alcancé a verlo salir.

Inmediatamente me levanté de mi asiento y comencé a caminar hacia la salida, tenía que seguirlo. Su comportamiento había sido normal la mayor parte del tiempo, pero irse así como así del lugar, era algo que me dejaba muy intrigada.

 Al salir del comedor, pude alcanzar a ver cómo las puertas del ascensor se cerraban capturando la imagen de Vic dentro de sí, entonces corrí para intentar alcanzarlo, sin éxito alguno. Opté pues por las escaleras. Bajé a toda prisa un par o dos de pisos hasta donde escuché con claridad las puertas del ascensor abrirse y pude ver a Vic salir.

Era como el lobby de aquel extraño lugar y Vic lo recorría de una manera tan rápida que, aun teniéndome como loca siguiéndole el paso, en unos instantes ya se encontraba saliendo por las puertas que daban hacia lo que imaginaba era la calle. Yo, por otro lado, apenas iba a la mitad del sitio y me daba la impresión de que la gran cantidad de preguntas en mi cabeza me hacían más lenta, como si me hicieran mucho más pesada o algo por el estilo.

Al final, con la mente bombardeada de cuestiones, abrí la puerta con prisa, la luz del exterior me cegó, y entonces salí y quedé pasmada con lo que vi, apenas mi vista pudo aclararse.

Todos los edificios a nuestro alrededor estaban hechos añicos. Eran apenas ruinas de lo que en algún momento llegaron a ser. Los automóviles estaban cubiertos de polvo y sus neumáticos estaban sin aire. Un par de hidrantes cercanos estaban rotos y el agua fluía de ellos con una enorme presión. El aire que soplaba con delicadeza era árido y sumamente áspero pues llevaba consigo una ligera capa de polvo proveniente de los escombros de los edificios. Las plantas y árboles de las jardineras cercanas estaban totalmente secas y ninguna señal de vida se asomaba entre el lugar entero.

-¿En dónde estamos Vic?- pregunté.

-No estoy del todo seguro Vivian pero tenía que mostrártelo. – contestó Vic.

-¿Cómo es que estás aquí? – titubeé – Es decir ¿cómo es que estás… -

-¿Vivo? – se apresuró a preguntar. – No recuerdo exactamente cómo fue que pasó, recuerdo haber descubierto el asunto de Wallace. Justo después de ello empecé a sentirme sumamente mal y para entonces ya había tenido la oportunidad de leer el artículo de las muertes supuestamente producidas por el incidente y me llené de pánico. Era evidente que me tocaba tener el mismo destino que los demás y por eso, tenía que compartir, de alguna manera, la información que había obtenido antes de que fuera muy tarde. Así que, tomé una navaja e hice un corte en mi mano para poder escribir el nombre de la persona que está detrás de todo esto, también dejé una nota con su nombre en mis ropas, por si alguien lo llegaba a ver. Confiando en que de algún modo tu o alguien más lo terminaría viendo, cedí ante la sensación de desfallecimiento y caminé hacia la luz que veía. Lo siguiente que recuero era estar sentado en frente de un monitor, dentro de una oficina – carraspeó.

-Eso mismo me ha pasado a mí. Aparecí aquí sin saber nada y no me explico aún como todo el mundo tiene recuerdos sobre mí – dije.

-Te equivocas un poco al decir eso – se apresuró a decir. – Tu, bueno, al menos tu cuerpo físico, el que tienes ahora, la tú adulta, se encontraba aquí desde antes de que yo llegara al lugar.

-¿Qué quieres decir con eso? – Pregunté – yo no recuerdo haber estado en este lugar jamás, no tengo recuerdos de nadie, por lo menos de nadie que no seas tú.

-Al principio yo tampoco lo entendía. – suspiró – Era una versión de ti, mas adulta de lo que yo recordaba, una versión que parecía no conocerme en lo absoluto, en cambio yo, seguía siendo el mismo adolescente de siempre, un adolescente asustado, sin puta idea de donde, ni porque se encontraba. El tiempo pasaba y todo seguía igual, todo menos yo. Los días y las noches podían pasar y pasar y absolutamente nada cambiaba. Solamente yo envejezco dentro de un mundo que nunca cambia.-

-¿Cuánto tiempo tienes aquí?- pregunté viendo su apariencia adulta.

-Veinte años – me dijo Vic suspirando. - Hubo un tiempo en el que mi desesperación fue tal que pensé en quitarme la nueva vida que había adquirido, pero fue justo en ese momento en el que aquel hombre apareció para llenarme de esperanzas y planteó una meta en la miserable vida que he llevado en este infernal lugar.-

-¿Un hombre? –

-Cabello mediano y oscuro, alto, de temple duro y hasta tenebroso. Pero contaba un detalle que al instante disipó ese temor que le sentí a simple vista: sus ojos eran completamente idénticos a los tuyos. Unos ojos hermosos color miel. –

-Akasius – susurré para mí, aunque supongo que fue más que un susurro pues Vic lo había escuchado.

-Así es Vivian, su nombre era Akasius – me dijo con un semblante muy serio – Y me dijo que no perdiera las esperanzas, que algún día tú vendrías a este lugar y que mi misión en este mundo, era preparar el camino para cuando tú llegaras.-

-¿Cuántas veces lo viste? – pregunté

-Muchas veces, las suficientes, me contó todo lo que debía de saber. – contestó muy serio.

-Entonces, supongo… - titubeé - …supongo que, ya sabes que realmente no somos seres reales, ni tu ni yo, sino que somos simples inventos de la mente de Akasius. Solo soy una personalidad creada a partir de su persona – le dije encogida en hombros.

-Sé más que eso Vivian – contestó serio -  pero no me corresponde decírtelo, además, nosotros somos tan reales como queremos ser, ¿No lo crees? Por ahora eso no es algo de lo que debamos preocuparnos. Akasius me dio explícitas instrucciones de que a tu llegada, la primera acción que debíamos efectuar, era borrar del mapa a Willbure Wallace.-

-¿Wilbure Wallace está en este lugar? –

-Willbure Wallace, es desde hace mucho dueño de todo este lugar. No solo es el jefe del edificio que ves detrás de nosotros. Sino que también es dueño de esta realidad o por lo menos sabe controlarla.

-¿Qué te hace pensar eso? Se supone que toda la realidad la controla Akasius ¿En dónde está? – le dije con el corazón en la garganta.
-Tiene años sin aparecer Vivian- me miró – Es posible que esté por morir. Y también es probable que ese suceso, su agonía de muerte, sea el resultado de la distorsión de esta realidad, una realidad donde Willbure Wallace es más fuerte que él y donde es Wallace quien controla todo cuanto nos rodea. Una realidad que no es la nuestra.

-¿Una realidad que no es la nuestra? Vic, sé que no he parado de decirlo, pero te pido que me expliques todo cuanto sabes, por favor – le dije con un par de lagrimas en los ojos.

-Y es justo lo que planeo hacer. Presta atención. Según lo que sé, estamos en una realidad que no nos corresponde Vivian. El motivo por el cual las paredes, los edificios y el resto de las cosas que se encuentran  a nuestro alrededor se estén estropeando y desmoronando puede estar ligado al hecho de que posiblemente nos  encontremos en una realidad, trunca, en decadencia, o simplemente falsa.

-¿Que es lo que quieres decir con eso? –

-Por lo que me dices, tengo entonces entendido, que formas parte de Akasius de una manera sumamente directa. El no está completo si no estás tú. Eres un ser conformado por una serie de pensamientos que Akasius alguna vez formuló y que tú y eventualmente yo y el resto de la gente que habita tu mundo convencional, no sé si creado por ti o por él, nos encargamos mantener funcionando, o por lo menos eso creemos. ¿Cierto?. – hizo una pausa para verme asentir y prosiguió. – Tomando entonces en cuenta que todo lo que estoy diciendo se basa en una simple, pero sumamente estructurada y confiable suposición, debió haber un punto, un momento clave, en el cual tu y el dejaron de conformar un ser completo. Un lapso en el cual o te dejó de pensar o te guardó en sus recuerdos de  manera en la que alguna posible amenaza no pudiese alcanzarte, una amenaza como Willbure Wallace por ejemplo. Entonces, quedando Akasius incompleto y posiblemente indefenso,  Wallace pudo haber aprovechado de la situación para tomar el control de las cosas. Lo cual pudo posiblemente no salir como el quería, a juzgar por lo maltrecho del lugar.

-¡Español Vic! ¡He tenido muchas cosas que comprender en los últimos días! –

-Si claro, disculpa, esto debe de ser un poco duro – carraspeó y prosiguió. – Imaginemos que la mente de Akasius es una manzana. Todo lo que conforma dicha manzana, es decir, las hojas, el vástago, la piel, la pulpa, el corazón y las semillas, componen precisamente un todo mientras estén juntas. – una vez más hizo una pausa para verme asentir – Ahora, supongamos que tú, Vivian, compones la piel de esa manzana y entonces Akasius, que es la manzana completa, decide que lo mejor que debe o puede hacer para protegerte es retirar la piel de la manzana para que el daño se haga adentro de la misma y no en la corteza. – asentí una vez más – A como yo lo veo, la acción representa tanto una ventaja, la cual es obviamente protegerte, como una desventaja sumamente grande. Al dejar el interior de la manzana a la intemperie y sin la protección de la piel que la rodeaba, cualquier cosa que resulte amenazante para el fruto, podría ahora entrar con mayor facilidad y con el tiempo obviamente la manzana comenzaría a pudrirse. Lo cual, comparándolo con el lugar en el que estamos, es precisamente lo que está pasando.

-Espera un segundo Vic ¿Estás diciendo entonces que el lugar en donde estamos es una especie de manifestación física de la mente de Akasius en estado de descomposición?-  dije con el alma hecha un nudo, no podía ni imaginar mi vida sin Akasius y ahora existía la posibilidad de que jamás volviese a estar a mi lado.

-Puede ser eso, o puede ser tu propia mente descomponiéndose, aunque la verdad lo dudo puesto que en tu universo yo estoy muerto y heme aquí, parado junto a ti. A menos que eso también sea reflejo de la desfragmentación de tu mente y el hecho de que yo me encuentre a ti sea un simple reflejo de tu locura –

-Muy gracioso Víctor – le dije con tono de fastidio.
           
-Lo siento. De cualquier forma Vivian, provenga de la mente que provenga, debemos de frenar esa descomposición y ver si eso de algún modo logramos con ello revertir el proceso y hacer que todo vuelva a la realidad normal. Tal vez si eso ocurre, sepamos el paradero de Akasius.

-¡¿Y cómo demonios vamos a hacer eso Vic?!- grité exasperada - ¡Ni siquiera tenemos un arma para matar a Wallace!-

-Contamos con una– sonrió – Durante mi estancia en este lugar he tenido la oportunidad de pensar las cosas detenidamente y con los años formulé un par de teorías al respecto del lugar y la situación en la que estamos. Si Akasius es dueño de una mente y sus componentes, el puede entonces hacer y deshacer el universo a su gusto o por lo menos eso puedo suponer. Ahora que él no está para controlar el lugar, pensé en la posibilidad de poder controlar ciertos aspectos del lugar con solo pensarlos, independientemente de si el lugar en el que estamos era o no parte de él. Obviamente no pude controlar ningún aspecto, ni modificar nada de él. Así que,  al descartar esa teoría, intenté poner a prueba la segunda idea que traía en mente: Tratar de imaginar un elemento pequeño e introducirlo en algún lugar de la realidad en el cual pasara desapercibido sin que alterase el entorno.

-Entonces imaginaste un arma y la introdujiste en algún lugar del edificio.- me apresuré  a decir.

-Fue algo que me costó muchísimo trabajo  y me tomó muchos años hacer. Aún no estoy del todo seguro que haya resultado, pero tengo la corazonada de que así fue-

-¿Imaginaste algo más aparte del arma? – pregunté.

-Un par de cosas elementales para mi plan- contestó con seriedad.

-Cuéntame entonces Vic. Soy toda oídos. -

[…]

Habían pasado dos horas desde mi encuentro con Vic y me encontraba en el lugar en el cual había aparecido,  sentada frente al escritorio que me correspondía  De vez en cuando echaba un vistazo al folder titulado como “Reporte de Utilidades/Marzo” y después movía la mirada aparentemente hacia el monitor, aunque realmente tenía la mirada perdida hacia la nada. Durante todo ese tiempo no había hecho otras cosas que no fuera pensar el plan que había diseñado Vic con tanta minuciosidad:

Una señal me indicaría que debo prepararme para comenzar el plan y una segunda señal, que debo correr para ejecutarlo. Mi misión era encontrar el arma que Vic había insertado en esa realidad mientras que el a su vez, se encargaría de crear una distracción para el resto de la gente del edificio, para hacernos las cosas más sencillas.  El arma se encontraba en un cubículo abandonado en el piso número cinco, que se encontraba uno arriba del mío.

Dicho cubículo se encontraba justo al fondo del pasillo central y una vez que extrajera el arma del cubículo, debía de correr al séptimo piso y verme con él. Pero debía de tener sumo cuidado pues una vez portando el arma, la mente que sustenta el sitio, probablemente me tomaría como una amenaza y mandaría elementos de la realidad para erradicarme, por lo tanto, de serme necesario, debería usar la fuerza mediante el arma que recién había obtenido, sin gastar demasiadas municiones puesto que era el único medio por el cual podíamos darle fin a la vida de Wallace. 

Después, ya juntos, nos abriríamos paso hacia el despacho de Wallace que se encontraba al fondo del séptimo piso. Según las muchas experiencias de Vic, Wallace siempre se encontraba solo en su despacho y entonces, solo entonces Vic se encargaría de someterlo y yo le daría el tiro de gracia. Nada podía fallar. Era matar o matar, no había otra salida.

El corazón me zumbaba y mi frente lloraba sudor al por mayor. Estaba sumamente nerviosa. Nada podía salirnos mal y obviamente no quería ni imaginar el millón de posibles destinos negativos que podían coronar nuestra misión en caso de que fallásemos.

Necesitaba hacerlo por mí y por Akasius. Ya había perdido a alguien recientemente y no quería volver a pasar por lo mismo. Mucho menos si se trataba de Akasius, que probablemente era la persona más cercana a mí, mucho más cercana que cualquier miembro de mi familia, mucho más cercano que Vic. Y si de algún modo pude volver a tener a Vic a mi lado después de haberlo perdido, entonces era muy probable que pudiera recuperar a Akasius de donde quiera que se encontrara.

Una fuerte explosión sonó en el edificio. Algunos gritos se escucharon y todas las personas de el piso en el que me encontraban se pusieron de pié. Una segunda explosión sonó, mucho más fuerte que la anterior, acompañada de otra serie de gritos y fue entonces que todas las personas salieron a toda prisa presas del pánico que se había creado en los últimos segundos. Esas definitivamente tenían que ser las señales que Vic me había marcado.

Con prisa me levanté de mi lugar y comencé a correr hacia el área de cubículos situada en el piso superior al que me encontraba. Iba en dirección contraria a las personas que surgían corriendo por las escaleras. Ellos bajaban a toda prisa mientras yo los evadía para subir las escaleras hacía mi objetivo. Una vez en el área de cubículos debía recorrerlos por el pasillo central hasta llegar al cubículo del fondo donde, según Vic, encontraría el arma.

Debía tener muchísimo cuidado. Cada paso me acercaba más el cubículo que aguardaba el arma en su interior y asimismo, cada paso que daba me acercaba a la posibilidad de convertirme en una amenaza para la mente que me albergaba en aquellos momentos. Según lo que había entendido, Vic estaba completamente seguro de que al portar el arma en mis manos, pasaría a ser una amenaza directa para el lugar y lo más probable es que el lugar o sus componentes hicieran algo para neutralizarme.

Pude ver con claridad la puerta del último cubículo, de hecho era el único cubículo delimitado por una puerta. Me detuve en seco, con mi mano derecha intenté girar la perilla sin éxito alguno. Volteé a ambos lados y ubique a unos cuantos metros un extinguidor postrado en la pared. Lo tomé con prisa y golpeé con el la perilla de la puerta varias veces hasta que se cayó. Pateé la puerta, logré abrirla y entré en el cubículo.

Un escritorio  se encontraba justo al centro del cubículo, no una silla, no una computadora, ni siquiera documentos, simplemente el escritorio. Me puse detrás de el y abrí el único cajón que había. Un arma tipo escuadra color plata reluciente y un par de cargadores se encontraban en el interior del cajón. Sin tener experiencia alguna, tomé el arma, instalé uno de los cargadores y cargue la primera bala. Entonces un estruendo invadió los cubículos fuera de ese. Al voltear pude percatarme de  algunas personas que corrían en dirección a donde me encontraba. Tomé el cargador de la mesa, lo guardé en la bolsa derecha de mi saco y salí de ahí. Tenía que recorrer el largo pasillo central nuevamente y subir las escaleras un par de pisos, ahí me encontraría con Vic. 

Del interior de uno de los cubículos aparecieron un par de personas ambas armadas y comenzaron a disparar. Por fortuna ninguno de los disparos habían alcanzado a tocarme, pero tenía que verme forzada a dispararles en contra, aunque no supiera exactamente cómo hacerlo. Sujeté el arma con aun más fuerza, me detuve en seco y apunté al pecho del más próximo. Jalé entonces el gatillo y haciendo un estruendo el arma disparó la bala y le dio al sujeto provocando que éste cayera al suelo. Como el arma era semiautomática no hubo necesidad de cargar una segunda bala y disparé al segundo sujeto el cual también cayó. Nunca antes había disparado un arma, pero no paraba de agradecerle al miedo y a la furia que sentía, que me habían motivado a hacerlo sin fallar.

La adrenalina corría por mis venas. En menos de lo que pensé había llegado a las escaleras y comencé a subirlas. Estaba ahora en el séptimo piso. Unas inmensas ganas de enfrentarme a Wallace habían surgido en  mi mente. Un odio inmenso empezó a formarse en mi corazón y la idea de enfrentarme cara a cara a Wallace latía cada vez más fuerte. ¿Tenía que enfrentarme realmente a Wallace con la ayuda de Vic? El pobre diablo no se esperaría el verme aparecer por la puerta de su despacho con un arma. Además era mi oportunidad perfecta para ponerle fin a todo esto. No tenía que esperar a Vic.
Sin miedo alguno,  comencé a recorrer el amplio pasillo que conducía a la puerta del despacho de Wallace. Una ligera sonrisa salió de mi boca al pensar que estaba solo a unos momentos de acabar yo sola con todo lo que estaba pasando. Llegué entonces al final del pasillo y solo la puerta me detenía. Era una puerta grande, amplia, de caoba finamente barnizada, una madera fina que en unos momentos estaría manchada de la sangre de Wallace. Me emocionaba la idea de dispararle justo en medio de ambos ojos. Algo me pasaba, nunca antes había sentido ese tipo de cosas, pero simplemente era como si algo me poseyera y me gustaba.

Tragué saliva, alcé lentamente la mano para acercarla cada vez más a la perilla. Decidí contar en regresiva desde el número 9, para así, al llegar a cero, abrir y disparar. Todo el mundo alrededor se desconectó para mí.

Nueve. Una amplia gama de sensaciones y emociones recorrieron mi cerebro, casi todas relacionadas con jalar el gatillo y ver a Wallace caer.

Ocho. Mi corazón que latía fuertemente adrenalina, podía claramente ser escuchado a través del silencio.

Siete. Akasius no dejaba de pasar por mi mente en ningún momento y la idea de recuperarlo a toda costa me llenaba la mente.

Seis. Mi mano temblaba de la emoción al acercarse lentamente, cada vez más y más cerca de la perilla.

Cinco. Los labios se me habían secado por completo y mi frente sudaba mucho más que al principio de la ejecución del plan.

Cuatro. Mi cerebro palpitaba de la excitación. Estaba a solo unos segundos de darle  fin a  todo esto y la soberbia exaltaba mis sentidos.

Tres. Un ruido extraño se escuchaba cada vez más cerca, como el sonido de alguien subiendo las escaleras. Pero en ese momento no me importaba.

Dos. Una gota de sudor recorrió mi frente y mi nariz y terminó en mi boca. Una gota con sabor a sangre y adrenalina.

Uno. Una voz familiar me gritó desde el fondo. “No lo hagas, es una trampa”
           
Cero. La imagen que invadía mi cerebro era la de Wallace muriendo abatido por mis balas. Mi mano tocó la perilla y le dio vuelta. Debí haber escuchado a aquella voz.

Una corriente de viento gélido recorrió mi espalda. La sangré me heló en un par de segundos y la sensación de miedo invadió mi pecho, provocándome una dolorosa punzada. Todo comenzó a darme vueltas, y sentía mi cabeza explotar. Mis orejas, labios y dedos se entumecieron y un nudo en la garganta me impidió respirar con facilidad. Comencé a sentir la muñeca izquierda sumamente caliente y  el metal del reloj de pulso quemaba mi piel debajo. Miré al reloj y éste se detuvo por unos instantes y entonces comenzó a caminar al revés. El segundero, el minutero y la manecilla que indica la hora, se movían en sentido contrario, cada vez más y más rápido Todo se desvaneció y el sonido cesó sus palabras para dejar paso a un silencio total.

Después de unos cuantos segundos todo se aclaró. Ya había estado en ese lugar. La vieja parroquia se extendía delante de mí nuevamente. Su alto techo coronaba las cuatro filas de bancas de madera que a su vez aguardaban entre ellas al pasillo. El vitral al fondo, el altar, el objeto encima de él y en frente la silla con Akasius sobre ella, observando. La sensación que aquello me provocaba era muy similar a la de un deja-vú. Sin embargo, en esta ocasión el lugar no lograba transmitirme la seguridad y calidez que me había trasmitido anteriormente. Entonces, sentí una presencia.

Una mujer hablaba con Akasius, una mujer que yo alguna vez había visto. Ella lloraba y Akasius la consolaba y le decía. – Confío en que podrás con todo esto-

 Esa mujer no podía ser otra que no fuera yo. Una versión de mi, más joven, la yo que normalmente soy, estaba con Akasius en ese momento y una momentánea luz la hizo desaparecer. El silencio predominó. ¿Había viajado en el tiempo para verme a mi misma ser enviada por Akasius?

– ¡Te acabas de ir justo hace unos momentos Vivian!  ¿Qué caso tiene todo ese odio que sientes? ¿Vale realmente la pena? ¿Qué ganas con hacer las cosas de ese modo? Anda dime. – me dijo dándome la espalda y viendo hacia el objeto.

El suelo comenzó a temblar. El hermoso vitral se partió en mil piezas que se dispersaron por los aires. Las paredes  soltaron un bramido estruendoso y el techo se cuarteó y en algunas secciones cedió y cayó desmoronándose hacia el suelo. La silla en la cual había estado sentado Akasius ahora estaba hecha añicos justo delante de el.

Entonces, dándose la media vuelta  hacia donde yo me encontraba, me miró. Si piel comenzó a tornarse lentamente de un color gris, como si se estuviese petrificando. Su mirada perdía brillo mientras que su casi inexpresiva cara movía lentamente los labios pronunciando una y otra vez la misma frase, una frase que no podía alcanzar a comprender. Sobre sus manos, sostenía firmemente el objeto que anteriormente se había dedicado a observar, aquella especie de santísimo que entonces asumí, debía de significar demasiado para él.

Tras un estruendo parecido a un relámpago aparecieron un grupo de por lo menos quince personas encapuchadas de cada puerta del lugar y comenzaron a caminar hacia Akasius. Con cada paso que daban el lugar temblaba más y más, las luminarias de la iglesia y sus adornos se desplomaban estrepitosamente y una sensación de desilusión, desesperación y desesperanza comenzaba a invadirme el corazón a toda prisa. Fue entonces que logré comprender.

Ese había sido el momento clave al cual se refería Vic en nuestra conversación. Ese era probablemente el punto en el cual Akasius en su afán de protegerme había quedado vulnerable ante el ataque de cualquier amenaza y eso se traducía en la aparición de aquellos extraños y encapuchados seres. ¿Pero cómo era posible que estando yo en ese lugar no me atacaran o no buscaran hacerme daño? ¿Sería realmente a mí a quien buscaban? Fue entonces que me vino a la mente. Evidentemente no me buscaban a mí sino al objeto, que en definitiva era la fuente del poder y la estabilidad mental de Akasius. Ese era el centro de la manzana y si no hacía algo por evitar que lo tomasen probablemente no volvería a hacer algo más en mi vida.

Una fisura recorrió el lugar partiéndolo en dos. Como pude, comencé a correr entre bancas partidas, escombros y adornos hechos añicos en el suelo. El temblar me permitía avanzar a una velocidad sumamente lenta y a juzgar por la velocidad en la que mi corazón se llenaba de frío y miedo, aquellos encapuchados seres recorrían el lugar mucho más rápido que yo. A pesar de que tenía un arma conmigo, las condiciones en las que me encontraba no me permitirían usarla .Debía de hacer algo, una medida desesperada, cualquier cosa para evitar que los seres tomaran el objeto de las manos de Akasius.

Contuve la respiración y comencé a ver todo como si se tratase de cámara lenta. Estaba a menos de tres metros de Akasius, pero los sujetos fácilmente estaban a punto de arrebatarle el objeto de las manos. Con un impulso, salté hacia el frente con las manos extendidas, preparada para enfrentar lo que fuera y por un instante todo se detuvo. Había cerca de seis o siete seres frente a mí, inertes en el tiempo igual que yo, todos en busca de obtener lo mismo. Mi corazón latía como nunca antes y el vacío en mi corazón se hizo tan grande que probablemente había creado un hueco en mi pecho. Todo lo que siguió fue muy rápido. Mis manos tocaron el objeto antes que nadie. Con fuerza lo sostuve cerrando mis puños para asegurarlo en mi poder y caí al suelo. Akasius quedó petrificado por completo y una lagrima de cristal quedó a medio camino hacia  caer al vacío.

El temblor fue ahora de lo menos unas dos o tres veces más fuerte de cuando había empezado. Los seres, emitiendo un fuerte chillido, comenzaron a correr hacia mi y yo comencé a correr de ellos. Necesitaba ahora más que nunca uno de esos pequeños milagros que me enviaban al lugar indicado en el momento indicado, pero por más que lo deseaba, las cosas indicaban que probablemente ahora tendría que arreglármelas sola. O eso creí.

Detrás de mí, como a unos seis o siete metros de donde me encontraba, una luz fuerte comenzó a emitirse y de ella emergió el señor Sullivan.

-¡Tiene que venir hacia mí señorita Connely! – gritó el señor Sullivan mientras alzaba su brazo derecho para extenderme su mano.

Sin pensarlo corrí lo más que puede sosteniendo el objeto que había retirado de las manos de Akasius. Salté toda clase de obstáculos, una banca rota, unas campanas casi reducidas a polvo, un trozo de techo que se desplomó frente a mí y todo eso perseguida por un número indeterminado de seres que me perseguían. Llegué a la luz sujeté fuertemente el objeto con una mano y lo presioné contra mi pecho. Con la otra mano tomé la del señor Sullivan y entonces la luz me cegó. La imagen del niño me vino a la cabeza. Sentí que tiraban con fuerza de mi brazo, después sentí tropezar y mi cabeza se estrelló probablemente contra el suelo haciendo que por primera vez, la sensación de desmayo fuera acompañada de un desmayo real.

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