Llevaba un paso muy apresurado mientras me dirigía hacía el Viejo Gran Parque, lugar de las “Reuniones de Emergencia” donde Akasius me esperaba cada vez que teníamos que hablar de algo importante. Sin embargo, a pesar de las mil y una veces en las que me había dirigido ahí en el pasado, esta ocasión era muy diferente. El corazón me latía con mucha fuerza, los nervios invadían mi cerebro, una sensación como de entre nauseas y vértigo invadían mi estomago y anudaban mi garganta y una pregunta taladraba mi cabeza desde media hora atrás ¿Quién demonios era Willbure Wallace? ¿Era el quién que estaba armando tanto alboroto?
Todo había estado pasando demasiado rápido, apenas podía creerlo. El colapso de Facebook, la muerte de muchas personas, la muerte de mi amigo, el incidente después de su funeral y ahora yo, a paso apresurado, en tacones y con el alma hecha un manojo de nervios, camino a hablar con quien seguro me diría la respuesta a todas las preguntas habidas y por haber, o por lo menos eso esperaba de Akasius. Después de todo, a pesar de una vida juntos,
nunca se ha dignado a presentarse como se debe, sino que simplemente muestra de si, solo lo necesario y lo requerido por el momento, o como sea que el lo diga. Pues lo dice siempre.
Todo había estado pasando demasiado rápido, apenas podía creerlo. El colapso de Facebook, la muerte de muchas personas, la muerte de mi amigo, el incidente después de su funeral y ahora yo, a paso apresurado, en tacones y con el alma hecha un manojo de nervios, camino a hablar con quien seguro me diría la respuesta a todas las preguntas habidas y por haber, o por lo menos eso esperaba de Akasius. Después de todo, a pesar de una vida juntos,
nunca se ha dignado a presentarse como se debe, sino que simplemente muestra de si, solo lo necesario y lo requerido por el momento, o como sea que el lo diga. Pues lo dice siempre.
Mientras caminaba, el sonido del tráfico, proveniente de la avenida más cercana se iba atenuando casi al mismo ritmo con el que mis tacones parecían encender las luminarias del parque. En un silencio casi total, se podía escuchar el sonido de un pequeño riachuelo que se encontraba justo en medio del lugar atravesándolo da lo largo. Realmente se trataba de un lugar enorme y sumamente bello, lleno de muchos árboles grandes y viejos. Un lugar que a no ser por un par de niños jugando soccer, se encontraría desierto.
Se veían sumamente felices y transmitían una ternura tan grande que por instinto, detuve mi caminar para observarlos. Eran muy pequeños para estar solos, ambos de tez blanca y de cabellos castaños, muy bonitos en verdad. Sucios por la tierra y con la ropa un poco maltratada, jugaban sin preocupación alguna con un viejo y malgastado balón de caucho. Corrían de un lado para otro pasándose el balón imaginándose a sí mismos como jugadores profesionales
Entonces entre juegos y sonrisas, uno de los pequeños golpeó el viejo balón con demasiada fuerza y fue a parar muy cerca de donde yo estaba. Me acerqué lentamente hacia el balón, me agaché y lo tomé mientras que uno de ellos se acercaba hacía mi con una sonrisa dibujada en el rostro. Cuando niña me había pasado mil veces lo mismo así que le extendí las manos para poner su alcance el balón y lo tomó. Lo siguió después de eso, simplemente no me lo esperaba.
Con una delicada e infantil, aunque muy familiar voz, me pidió que lo siguiera y tomándome de la mano comenzó a caminar. A decir verdad me pareció un gesto muy tierno y decidí seguir su juego, además de que la curiosidad por saber a dónde me llevaba se hacía más grande con cada paso, incluso, por un momento, olvidé el motivo por el cual me encontraba en ese lugar aquella tarde.
Después de unos cuantos metros, se detuvo, justo en frente de una pequeña flor que crecía en medio de un montículo de pasto y con la mano con la que no sujetaba la mía, tomó la flor del tallo y la sustrajo del suelo con delicadeza. Era una flor muy bonita, de color amarillo con manchitas negras.
-Toma, te la obsequio – me dijo con una dulce voz, mientras extendía hacía mi la mano en la que llevaba la flor.
Quedé embelesada, era como si los grises ojos del niño me hubieran capturado y comencé a sentirme sumamente apenada, más o menos la misma sensación de cuando una persona ve a lo lejos al chico o la chica de su agrado. Lo miré por un momento y le sonreí.
-Gracias, es muy dulce de tu parte – le dije sonriendo, tomando la flor sin soltar su otra mano,
Una sensación extraña invadió mi cuerpo, pude sentir la sangre fluir por mis venas y mi oído se agudizó a un nivel que jamás había experimentado. El corazón me latía cada vez más rápido y el viento comenzó a soplar con una fuerza sorprendente. Me sentí desfallecer, y me vi introducida en la típica sensación de un desmayo. Todo a mi alrededor dio vueltas y las luces se atenuaron casi por completo, un olor a incienso llegó a mi nariz y entonces todo se detuvo.. Ya no me encontraba en el Viejo Gran Parque
El lugar era muy parecido a una vieja parroquia a la cual solía ir cuando niña. Era inmensa, con un techo muy alto, cuatro filas enormes de bancas de madera y en medio un pasillo que conducía hacia el pié del sagrario. Un vitral enorme se situaba al fondo que dibujaba unos tenues rayos de luz y el altar debajo, contaba con la iluminación de muchas velas encendidas cerca del sitio. En la parte superior, justo a ambos lados del vitral, se podían distinguir una serie de textos cortos escritos en algún idioma que era incomprensible para mí. Un recinto viejo y muy hermoso.
Sentado, inmóvil y en silencio, Akasius yacía en una silla de madera justo en frente del altar y contemplaba una extraña figura situada encima del mismo. Era muy parecida al santísimo de cualquier iglesia normal, pero parecía ser de un color gris plata y el círculo que asemeja a un sol en el extremo superior, no contaba con las ornamentas normales, ni con una cruz que coronara su cabeza.
No veía su rostro. Del sobresalto no había podido mover ni un pié desde que me había visto inmersa en el lugar, pero me daba la impresión de que mantenía una especial concentración mientras miraba aquel extraño objeto en el altar y por un momento llegué a pensar que ni siquiera se había percatado de mi presencia, pero me equivoqué.
-Pasa, te estaba esperando- me dijo Akasius sin desviar la mirada. Después se hizo un pequeño silencio y continuó diciendo – Anda, no temas.
Pero aunque todo lo que ocurría era muy extraño, no sentía miedo en lo absoluto. Incluso, el olor a incienso me recordaba de manera extraña a mi madre y me hacía sentirme cómoda y tranquila, como si se tratase de un lugar más seguro y confortable del mundo, mucho más seguro que mi propia casa. Además, el silencio que predominaba en el lugar era tan envolventemente cálido, que me recordaba a la nostálgica sensación de cuando mi Padre, entonces en vida, llegaba del trabajo y me cargaba para llenarme de besos y caricias.
-Tenemos cosas de que hablar Vivian – volvió a hablar Akasius al fondo de la iglesia, sin despegar la vista del altar.
Mis pies comenzaron a moverse sin que yo lo pensara. El sonido de mis tacones resonaba en el recinto y creaba un eco suave y sumamente rítmico. El recorrido de inicio a fin fue mucho más largo de lo que había pensado y cuando por fin había llegado caminé por instinto hasta justo detrás de la silla de madera e intentando decirle algo, abrí la boca, pero nada salió de ella.
-Presta tención por favor, no quiero que pierdas ningún detalle - dijo con una voz fría mientras desdoblaba algunos viejos periódicos que sostenía en sus manos.
Trague saliva y la garganta volvió a anudárseme como lo había hecho hace tan solo unas horas, Entonces carraspeó y comenzó a leer
Cuatro de abril 1994, Kent, Rhode Island.
Willbure J. Wallace, acusado del asesinato de once pequeños de preescolar del Instituto Sunfield Holyday, fue puesto en libertad por falta de pruebas según el veredicto del Juez Maxwell Washington.
Ocho de marzo 1997. Brooklyn Nueva York.
Willbure Wallace es encontrado inocente de la acusación de ser el causante del suicidio colectivo de ocho jóvenes pertenecientes a una secta dirigida por el mismo Wallace. Según el testimonio de un tercero, las sesiones espiritistas de Wallace comenzaban siempre con una sesión de Hipnotismo en las que dormía todos los presentes, debido a esto, al estar en supuesto trance nadie sabía realmente lo que Wallace les decía, situación que lo calificó inmediatamente como principal sospechoso, Tras un par de días de juicio, Anette Carter, Jueza del distrito de Brooklyn ha declarado a Willbure J. Wallace como inocente y lo ha dejado en libertad por supuesta falta de pruebas.
Treinta y uno de Octubre 1999. Washington D.C.
Registrado como un extraño suceso, una nota apareció en el Pentágono bajo la firma de Willbure Wallace. La nota redactaba una serie de coordenadas, algunos números telefónicos del personal de la Casa Blanca y un numero de modelo de un avión Boeing 767, que horas más tarde y sin previo aviso se habría estrellado en el mar a una hora de haber despegado. El saldo de dicha tragedia fue de 375 pasajeros y Willbure Wallace, de quién se desconoce su paradero, figura como el sospechoso principal de la tragedia.
Akasius bajó el periódico que sujetaba en las manos y volvió a fijar la mirada sobre el objeto en el Altar. Yo estaba atónita, simplemente no podía creer en todo lo que me había leído y a juzgar por la mirada fría que poseía, había dejado muchos otros casos similares por leer. Pero lo que más me intrigaba era que supiera de Willbure Wallace antes de que yo se lo contase.
-¿Akasius, Como sabías lo de…? – dije sin terminar mi pregunta.
-Ayer por la noche entré a la morgue e inspeccioné la ropa que traía Vic al momento de morir. Al buscar en sus jeans pude encontrar esta nota No estoy muy seguro de cómo dio con esa información, pero evidentemente a Wallace no le convenía tenerlo vivo, la de Vic ha sido una de las muertes mas violentas que se han registrado según sé.- respondió sin verme mientras ponía al alcance de mis manos una nota que llevaba escrito “W.J. Wallace”
Entonces extendiéndome uno de los periódicos pude ver con claridad una vieja fotografía de Wallace. De cara arrugada, piel descuidada y de aspecto estrafalario. Se trataba de un hombre de edad avanzada entre cincuenta y sesenta años, de cejas pobladas nariz mediana, con barba de la tarde muy mal afeitada, no era calvo pero comenzaba a estarlo, poseedor de unas facciones muy marcadas, pómulos resaltantes, unos espeluznantes ojos de muñeca y una torcida sonrisa. Era más que obvio, el sujeto extraño de la imagen de la computadora no podía ser otro que Willbure Wallace.
Toda la calma que el lugar me proporcionaba había desaparecido por completo, estaba sumamente confundida. No había necesidad alguna de contarle lo que había visto en la habitación No entendía nada de lo que estaba pasando. La mente me llenaba el cráneo de muchas preguntas. ¿Qué hacía Akasius en ese lugar? ¿Quién era ese niño? ¿Qué era el objeto que Akasius estaba contemplando?
-Akasius, ¿En dónde estamos? – pregunté con la voz hecha un hilo.
-Eso no importa ahora Vivian, tenemos que evitar que Wallace siga con esto. Por lo que sabemos es una persona capaz de muchas cosas y no dudo en lo mas mínimo que sea Wallace el culpable de todo este alboroto. No estoy seguro de porque lo hace, pero si pudo salir libre de seis acusaciones de genocidio y de desviar las coordenadas de un avión y estrellarlo contra el mar mandando al carajo a más de trescientas personas, entonces no me extrañaría que pudiera desactivar de manera remota una considerable cantidad de computadoras a nivel internacional y de paso llevarse a la morgue a unos cuantos.- me contestó mientras se levantaba de la silla y me dirigía la primera mirada desde que había aparecido en ese lugar.
Era una mirada muy fría y su semblante era demasiado severo, nunca antes lo había visto comportarse de esa manera y a decir verdad comenzaba a ponerme muy nerviosa.
-¿Cómo podemos detenerlo? ¡ Ni siquiera sabemos en donde puede estar! ó ¿Acaso tú lo sabes Akasius? ¡¿Lo sabes?! – le dije casi llorando por la desesperación que me provocaba el momento.
Entonces guardó silencio y comenzé a llorar. El me miró fijamente y cambió su semblante por uno mucho más cálido. Alzó su mano derecha y limpió una vaga lágrima que descendía por mi mejilla izquierda. Me tomó de ambas muñecas, una con cada mano, las haló hacia sí y las besó de una manera tan delicada que dejé de llorar.
Una vez más sentí la sensación de pena, justo la misma sensación que había sentido con aquel niño en el parque antes de aparecer en el lugar. Me tomó de los hombros y con un suave movimiento me sentó en la silla en la que él había estado sentado. Mis manos permanecieron cerradas una con la otra todo ese tiempo.
-Confío fielmente en que podrás con todo esto Vivian- me dijo y entonces abrió con sus manos las mías y la flor que el pequeño niño me había dado ahora estaba en mis manos nuevamente.
Todo dio vueltas de nuevo, el olor a incienso desapareció y la sensación de desmayo fue más fuerte que la anterior. Un ruido como del interior de una oficina comenzó a distinguirse cada vez con mayor claridad. Había cambiado de sitio nuevamente.
Siguiente capitulo: Fin del Mundo. [Capítulo V: El plan Maestro]
Siguiente capitulo: Fin del Mundo. [Capítulo V: El plan Maestro]






1 comentarios:
que onda akasius, gracias por el comentario, no me molesta que prostituyas como dices tu blog, cada uno es libre de hacer con su blog lo que mejor considere, pues la finalidad, es esa ser leido, me gusta tu historia del fin del mundo. es atrallente, enigmatica y me gusta que ayas usado facebook como puente en tu historia, y me parese buena idea lo de apoyar nuestros escritos, tambien se me hace una buena idea colaborar en algo que te parece?... y si sigues escribiendo igual de bien, yo te seguire leyendo.
Publicar un comentario