Que curiosa es la
vida.
En un momento me
veo conversando con el caótico viento, y al otro, me encuentro cautivo cual
viajero inmigrante en la caja de una vieja camioneta a ciento veinte por hora,
oculto de las miradas ajenas y pensando en el calor que me provoca aquel viento
cuando se permite a sí mismo ser brisa.
Y mientras tanto, paradójica e irónicamente,
el viento de verdad, ese que no es mera metáfora seductora, golpea con frialdad
mi cuerpo, pero la melodía que me acompaña impide que mi rostro hele.
Esa peculiar
manifestación de ritmos que grita al viento bajo la frase 'juro que pude
reconocer su aliento y sólo quería gritarle hola.
Para no hacer el
cuento largo, en definitiva, era el regreso a casa más inusual que había vivido
en mucho tiempo y realmente algo así le faltaba a mi vida.






0 comentarios:
Publicar un comentario