Y pasa entonces que ante la duda y el miedo al olvido de algo tan bello, tus labios prohibidos me piden quebrantar la regla.
Colocar una mano en la mejilla y la otra en la cintura, abalanzar los rostros lentamente y rozar los labios con un miedo que se convierte en fuego, primero lento y después ardiente.
Y guardar silencio y convertirlo en ignorancia y olvidar lo sucedido, no sin antes repetirlo mil veces, para hacer valer la pena el momento.
Y al final, nada mas que mejillas sonrosadas, un juego de miradas y una sonrisa pasajera.
Después de ello, el olvido, si es que puede existir en el momento y la desaparición de un alma que viene y va en un mar de letras. Ambos en la mente del poeta.
Mar de Letras
21:00 |
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)






0 comentarios:
Publicar un comentario