Y después de un millar y medio de luminosas y azules lunas, ésta noche escribo de nuevo, siendo simplemente yo mismo.
No detrás de algún quisquilloso personaje. No debajo de un mundo creado por los arquitectos de la discordia, ni oculto entre los enredos de alguna situación desmesurada, de esas que tienen impregnada parte del río fulguroso que compone la plata de mi alma.
No. Esta vez soy solo yo, el escritor. Ese desvelado y desgastado escritor que desea despertar del largo letargo de un parpadeo imaginario. Ese excéntrico pero sagaz escritor, en la búsqueda de contar lo que quiere, lo que siente. En búsqueda de deshacerse de ese espejo roto que conserva como recuerdo de la tormenta.
Y así como hoy no me escondo detrás de la cuarta pared imaginaria, tampoco vengo a hablarles de lo usual. No escribiré del amor, o de la vida. No escribiré sobre una mujer, o sobre alguna tragedia. No escribiré sobre fracasos o victorias. No. Vengo a hablar de mí, pero sin realmente tocar el tema.
Hoy me mudo, es cierto. Me mudo de la piel que tanto me incomoda. Me mudo del papel tan teatral que me he encomendado con los años y que tan harto estoy de interpretar ante un público de fugaces y reptantes sombras encima del escenario al que llamo vida.
Hoy, dejo de ser el hoy y comienzo a ser el mañana. Hoy muero estallando en alegría, y renazco llorando como infante, sosteniendo su primera bocanada de aire, entre cenizas blandas, cálidas y ásperas.
Hoy soy el fuego, hoy soy la brisa, pero no por eso dejo de ser dolor y discordia. Hoy soy ambos, soy pasión y dolor, soy odio y armonía, soy caos, pero no soy calma, porque si fuera calma, sería menos fuego y más ceniza.
Hoy soy el viento, hoy soy concordia, hoy soy paz, pero también soy la guerra tempestuosa. Hoy arribo y hoy encuentro, pero también hoy busco por los grandes ojos negros que entre mis tenues letras puedan encontrar aquella linea luminosa.
Hoy soy puerta y soy ventana, pero sobretodo, fuego y alma.
Y que me lea quien sepa o quiera leerme y quien quiera leerme, que lo haga con calma.






1 comentarios:
muy buena reflexion
atte. charly lopez tello
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